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  • Ser entonces la fotograf a

    2019-04-22

    Será entonces la fotografía la Marcha de los claveles rojos la consolidación del objetivo estético de Calanchina. Dicha imagen fue tomada en blanco y negro y cftr el instante justo donde un centenar de hombres y mujeres, reunidos frente al edificio de la Policía Nacional de Guatemala, de manera casi casual empuñan un clavel rojo. En ella se aprecian rostros de desconcierto, de introspección, de coraje; algunas miradas sombrías permanecen ajenas a lo que sucede a su alrededor, las menos observan la lente de la cámara. Pese a que la composición dirige nuestra atención al centro de la imagen, para observar la figura femenina que fija su mirada impávida hacia nosotros, son dos los rostros que llaman la atención y que sobresalen del resto, en el primer plano, el de una mujer que alza su brazo sosteniendo un ramo de claveles ya marchitos envueltos en un papel blanco, y el de un joven, ubicado a nuestra izquierda, que indiferente a la presencia del fotógrafo mira a la lejanía, su ceño fruncido refleja molestia, sus ojos contrastan con la sutileza con la que porta el clavel rojo en su brazo levantado. Los presentes permanecen en silencio, el instante refleja una calma perenne. El conglomerado humano se diluye inacabadamente entre árboles, carteles publicitarios y edificios que circundan el tercer plano de la imagen (véase fotografía núm. 1). Esta fotografía fue publicada por primera vez en la revista cultural de la usac: la Revista Alero. La portada mostró únicamente un detalle: los claveles que izaron el conglomerado de asistentes al sepelio como sinónimo de su molestia ante la represión y violencia que se vivía en el país.
    Alero rojo La Revista Alero resultó ser el mejor medio difusor de la fotografía, ya que desde la gestión del rector Rafael Cuevas del Cid, la usac fomentó cambios institucionales favoreciendo un proyecto editorial que tenía el interés de vencer los límites académicos de una publicación universitaria, que suele condicionarse al espacio estudiantil con actitud pasiva y ajena a la realidad del país. En el aspecto artístico estuvo presente a través de la recién creada Dirección General de Extensión Universitaria, que pretendía la participación activa de los sectores que dirigían la Universidad y se concentraba en “ […] la promoción de los cambios sociales, para los críticos de izquierda esta participación debía ser con el compromiso directo y explícito con la revolución”. Con esa idea se configuró el proyecto editorial de la Revista Alero, presidido por Lionel Méndez Dávila y Roberto Díaz Castillo, desde donde buscaron responder a phagocytes la difusión y al compromiso social que, concebían, era parte fundamental de la institución. Desde el primer número, en el prólogo denominado “Ofrecimiento”, la Editorial expresó la intención e intereses de la revista: Esta aseveración puso de manifiesto la dinámica que pretendían seguir, con la cual buscaron materializar concepciones artísticas que delinearon el quehacer cultural de los colaboradores. El logro del Consejo Editorial fue conjugar a un grupo de intelectuales que paulatinamente contribuyeron en el quehacer literario e histórico de Guatemala, también, atrapó el interés de escritores y pensadores del continente americano, como lo menciona quien fuese director artístico de la primera época, Arnoldo Ramírez Amaya: La latinoamericanización de la revista convivió con los temas locales, así como con la realidad violenta que enfrentó el país centroamericano, por ello la dinámica alrededor de la muerte de los estudiantes García Dávila y Caballeros Ramírez ocupó el interés y rechazo del Consejo Editorial, tanto que decidieron destinar un número de la publicación para hacer público su sentir: En agosto de 1977, salió el número 25 de la Revista Alero, con un costo de Q. 0.40, el sutil dramatismo de la portada color carmesí refería a los hechos recientes, la represión y el terror que enfrentaba la población guatemalteca. La publicación contó con un anexo que engrosó su tradicional formato a 210 páginas, mismas que mezclaron las reflexiones literarias, cartas de solidaridad, denuncias y posturas ante los asesinatos de los estudiantes García Dávila y Caballeros Ramírez.