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  • Podr a pensarse pues que don Melchor Carlos

    2019-04-17

    Podría pensarse, pues, que don Melchor Carlos Inca estaba tan sólo construyendo el conveniente andamiaje discursivo y argumentativo que presentar ante el virrey condicionando una resolución favorable curiously sus intereses. Pero entraría en juego aquí una segunda fuente a nuestra disposición, en la que se evidenciaría que las vinculaciones entre este noble hispano-quechua y los religiosos franciscanos venían también de antiguo y que eran asimismo vox populi en el Cusco: la Descripción de la Provincia de San Francisco de la Victoria de Vilcabamba, redactada, en 1610, por el capitán español Baltasar de Ocampo Conejeros. Al ser testigo ocular de lo que narraba, Ocampo Conejeros mencionaba que, en 1571, acudió personalmente a las fastuosas celebraciones que acompañaron al bautizo de este hijo de don Carlos Inca. Según su testimonio, fray Pedro Gutiérrez de Flores, padre provincial de los franciscanos en Perú, fue quien dispensó el servicio sacramental al recién nacido Melchor Carlos en la parroquia de San Cristóbal Qolqanpata. Sería por ello que, cuando este descendiente de los Incas estaba pereciendo en la localidad castellana de Alcalá de Henares en 1610, dejó estipulado en la tercera fuente disponible —es decir, su propio testamento— que su postrera voluntad era que sus restos mortales fueran trasladados a Perú, transportados al Cusco y sepultados finalmente en el convento de San Francisco de esta ciudad.
    BREVES COMENTARIOS FINALES Tras el estudio presentado, varios son los puntos de conexión observables y discutibles entre el mexicano barrio de Santa Cruz Acatla y el cusqueño de San Cristóbal Qolqanpata, corporaciones indígenas que, al estar ubicadas en ciudades y virreinatos americanos diferentes, desarrollaron estrategias tanto de supervivencia comunitaria como de construcción identitaria notablemente similares. En ambos barrios, la actuación de los frailes franciscanos en su evangelización inicial es reluctante a mostrarse de forma fidedigna en las fuentes documentales consultadas. En efecto: Santa Cruz Acatla evidenciaría, durante buena parte del siglo xvi, una vinculación clara con los clérigos y los religiosos seculares, así como San Cristóbal Qolqanpata, con los frailes dominicos y los presbíteros cuando menos hasta la década de 1560. Un aspecto que parece haber hecho converger sin embargo el destino de ambos barrios sería la pérdida de peso o de estatus que padecieron en sus respectivas repúblicas de naturales desde el último tercio del siglo xvi. En ese sentido, la entrada en vigor de ciertas reformas tributarias, el deterioro en la protección legal y los privilegios que sufrieron varios de sus residentes, la merma progresiva de patrimonio inmueble vecinal o el establecimiento de redes feligresas intrusivas podrían haber actuado como profundas grietas abiertas en el ordenamiento jurídico-político establecido hasta aquel momento; grietas que la orden de San Francisco habría aprovechado hábilmente para henchir con su ayuda, amparo y redefinición identitaria en estos malogrados vecindarios nahuas y quechuas. La temprana historia colectiva tejida en torno a chromatin Santa Cruz Acatla y San Cristóbal Qolqanpata se mostraría, pues, como una dinámica remembranza encaminada a legitimar, por derecho natural, una pretendida y construida génesis gentil, acomodada, no obstante, a los envites del mundo virreinal que realmente asistió a su nacimiento.
    Las representaciones que se elaboraron durante los años del conflicto armado en Guatemala fungieron como un arma de guerra ideológica. En este trabajo se abordará la imagen, tanto visual como discursiva que se configuró de la organización político-militar del Partido Guatemalteco del Trabajo-Partido Comunista (-), también conocida como la , por derivar de la Comisión Militar del Partido. Abordaremos la autorrepresentación de sus militantes así como la percepción y reproducción de la misma por el Estado y sus instituciones, para comprender su función y su comportamiento, puesto que es necesario puntualizar la existencia de dicho grupo, el cual ha sido relegado de la historiografía, y de esta manera resaltar la diferencia que hubo con el trabajo y presencia del -histórico, ante el uso de las mismas siglas por diferentes organizaciones en distintos momentos. Pretendemos con ello aportar en el conocimiento histórico de Guatemala respecto al proceso de guerra, como ofrecer elementos para el estudio de la propia organización, a través de las fuentes que han sido recuperadas como vestigios que fueron creados desde la , es decir, su propaganda. También, se usará la fotografía como documento histórico para reconocerla como objeto de estudio.